LAS DISYUNTIVAS DE UN SALÓN

Mientras existan inquietudes artísticas y, por ende, hacedores de propuestas con el fin de la confrontación, emergerán los más diversos espacios expositivos y públicos. Así irrumpieron las palabras al catálogo del XXVIII Salón Provincial de las Artes Visuales Raúl Martínez, en la capital avileña durante la noche lluviosa del sábado, 21 de octubre del año en curso, cuya exhibición se extenderá por un mes.
Se trata de una especie de sentencia a la imprescindible conexión entre artistas y todos los entes participantes en la trayectoria del proceso artístico desde el taller hasta la mirada crítica del espectador de las artes visuales. Es por lo que la presente edición, en la Galería que, registra el nombre del reconocido pintor y diseñador, asume una alarmante situación. Nuestra región no carece de espacios expositivos y, sobretodo, en la ciudad sede, son varios. Sin embargo, éstos no se utilizan del todo con eficacia. Ya quedó abordado lo referente al área de exhibición.
Ahora, al enfocar, sobre el punto de partida y centro del proceso creativo: el artista—supuesto destinatario de una creación con el propósito de publicarla—,
está definido que es de este modo y, no de otro, en que se generan vínculos con estas artes, gracias a la posibilidad interactiva de las personas afluyentes al sitio artístico para disfrutar, sufrir y compartir del acto. Esta dinámica sólo tiene sentido en la adecuada materialización del nexo emisor (artista)-receptor (espectador) durante la publicación de la obra de arte.
Varios segmentos de la población del arte visual, respondieron a la convocatoria, lo que permitió los desempeños de los jurados de admisión, principal, así como los colaterales.
Hoy, la realidad artística visual avileña, se debate entre los presupuestos vanguardistas universales del siglo pasado, así como de algunas materializaciones de empecinada afición y asombros de modernidad.
De todas maneras, para conveniencia de la continuidad de este tipo de certamen, legendarios autores del panorama plástico visual avileño, crearon nuevas realidades a través de proyecciones pictóricas, quienes, además, definieron la oportuna concreción de este Salón: Pedro Quiñones Triana con su legendario estilo exhibió el tríptico El silencio del estrés; Leonides Bernal Lago, experimentó a través de gráciles y serpentinas abstracciones en el díptico Travesía y Barrutos; y, Nelson López González, quien apostó por su Quimera.
Addiel Travieso Valenzuela presentó dos instalaciones: Hagamos un trato (Gran Premio) y Folié á deux (Segunda Mención), las cuales arriesgan por la prioridad al mundo objetual y la multiplicidad de connotaciones.
En el caso de la fotografía, destacó Departure, solución morfoconceptual de Humberto del Río Rodríguez (Primera Mención; Premio colateral Patrimonio y FCBC), apoyada en una singular variante instalativa. Entre las demás autorías en lo que a esta manifestación refiere, Canción triste, de Jorge M. González Torres, es atractiva desde el punto de vista expresivo y composicional. Por su parte, El odio y el perdón, de Yuri Limonte Hera, apuesta por la indagación simbólica fotográfica.
Otras tendencias mostraron cómo lo matérico, en la actualidad, se impone como presupuesto indispensable del discurso plástico, tal es el caso de Juan Lisdán Guerra, con la instalación Cuerpo maternal.
Hubo dos obras que a pesar de no ser premiadas ni mencionadas, resultan atípicas en el marco de la contrastación artística, son las realizaciones de los jóvenes Lioby Cots Díaz y Heisy Pérez Pérez, ambas en óleo sobre lienzo. Cots centra su atención en la insaciable búsqueda humana (desde y hacia todas las dimensiones), lo cual resuelve con simplicidad y precisión pictóricas, donde los presupuestos definitorios brotan, no solo de la figuración sino de la gráfica, así surge Sentidos comunes.
La otra solución sin título, pero cargada de autenticidad, es la concebida por Heisy como resultado de la adecuada combinación de aspectos provenientes de vidrieras: el maniquí, la pamela, la presencia extendida del ¨abanico¨. Todo ese mundo gélido carente de mirada y, en el que los estridentes labios, generan alarmas en la psicología femenina. Estamos ante una alarma a cómo los accesorios se contraponen a la dotada naturaleza. Ambos artistas exploran en el empleo de valores y colores y, de ese modo, revelan sus priorizadas conceptualizaciones. Efectos del pop y, más que esto, del kitsch, indisolublemente y exquisitamente aplicados, recalcan en estos dos creadores, el brote de talento.
Nuestra actualidad demuestra cuán necesario resulta el definitivo desprendimiento de los discursos plásticos renombrados en la historiografía del arte cubano y, más que eso, un enfoque creativo desde el zumo recóndito de la individualidad del creador.
No sólo son bien importantes los indicadores antes tratados sino también la socialización de los resultados científicos en la práctica artística del sistema de la cultura. Diferentes estudios pueden cambiar y, por ende, enriquecer, el destino artístico visual nuestro. Pero si la capacitación y superación en materia de arte de los recursos humanos del sector cultural, incluidos, los creadores y decisores, no se integran de manera intencional al proceso creativo, nuestra labor no será exitosa. Entonces, el posible espectador o público que afluye a la Galería de Arte, recepcionará los referentes más logrados y, por supuesto, paradigmáticos del quehacer artístico.
Por ello, iniciada la década del 90, incluso, en resistencia a los azotes del inolvidable Período Especial, Ciego de Ávila, contaba con estudios sobre el quehacer del arte ingenuo, los que fueron presentados con el propósito de promocionar a sus exponentes, en el I Encuentro Internacional de Arte Ingenuo, en Mella, Santiago de Cuba. Estos resultados investigativos, engrosaban los ya realizados a la personalidad pictórica de René Rodríguez, desde los 80 como trabajos conclusivos reconocidos tanto por las universidades de La Habana y Oriente, así como por el Departamento de Investigación de la Dirección Provincial de Cultura. Más tarde, bien avanzado este siglo, otros registros indagativos enriquecieron la historiografía con altos estudios a través del ISA y el Centro Cultural Nicolás Guillén (Camagüey), así como del Centro de Investigación y Promoción para la Cultura: Dr. Enrique Sosa (Ciego de Ávila).
Desde entonces hasta la actualidad, no sólo ha crecido el listado de graduados en las diferentes niveles de enseñanza artística, sino también, la historiografía del arte avileño, proceso investigativo en el que realiza además, el ejercicio de la crítica. Son incontables las acciones y actividades diseñadas desde los resultados parciales de Historia del Arte Avileño y La formación del espectador de las artes visuales. Tanto la historiografía como el público han reconocido la diversidad de creación en la que se redimensionan elementos de lo tradicional en la actualidad.
No se pretende justificar, menos aún, atacar nuestra realidad sino de ser objetivos ante la significativa situación del ámbito artístico visual avileño. Es insuficiente aún el trabajo del ciclo en el que se debate el éxito o no, del artista y su obra ante el público.
Cuando el artista asume la producción de su obra —desde el mismo proceso creativo en el taller hasta su divulgación, promoción y difusión por cuenta propia—, entonces los resultados del balance, más que a él, supuestamente, a nadie le incumben. De todas formas, el artista tiene su vocación definida y se considera misionero de la vida y como tal actúa, pero al existir toda una estructura de trabajo, basada en una política cultural centralizada, se impone activar su funcionamiento y, más que eso, aportarle aprendizajes.
Por su parte, el comportamiento del público es voluble, irrumpe en la Galería de Arte, condicionado por varios factores; también, formados a través de los diferentes niveles de enseñanza y culturales, en general. Amas de casa, infantes, adolescentes, jóvenes, adultos, profesionales del arte o no, así como decisores de nuestro espectro artístico, somos merecedores de la superior proyección de la cultura artística desde nosotros, con nosotros, para nosotros; y, además, con el mismo rigor extenderlo a los restantes.
Desacertados procedimientos han atentado e inciden en la adecuada coordinación de la producción artística. Esnobismo, especulaciones de la Historia del Arte; el uso y abuso de presupuestos enunciados en las teoría del arte y la cultura, negaciones de la historia de la humanidad, desmedida intromisión y adulteraciones de presupuestos de la estética.
Somos todos los máximos responsables de hacer valer y visibilizar nuestra valía artística y, sobretodo, la gestión pertinente por la integración de las partes que integran cada equipo de trabajo y, en general, el subsistema de las artes visuales. No progresaremos en materia artística hasta que no nos reconozcamos como auténticos pobladores de la Isla del Arte, en la cual se priorice la práctica y ésta demuestre la veracidad de la teoría.
El creador y su universo artístico, ineludiblemente, surgen de lo yo viví-vivido-viviré o/y también, de todo lo contrario: o de todo eso y mucho más. Se trata de
atrapar, generar y apropiarse de imágenes. Un sinfín alegórico existente en todos los pronombres personales de todos los tiempos dictados, esbozados, demarcados y transgredidos por el ser humano, espera interpretarse.
Es decir, el primer contacto que tenemos con las cosas, lo que denominamos, nuestra experiencia, es una forma de conocimiento derivado de la observación, de la participación y de la vivencia de que sucede en la vida, es algo que se elabora colectivamente. El creciente registro de graduados, no resolverá las réplicas que nuestra rica e inagotable realidad, espera de nosotros. Es necesario sentirse artista.

 

MSc. Mayslett C. Sánchez Clemente
Historiadora, investigadora y crítico de arte